Tengo que escribirlo
Las marcas de la aguja aún son visibles en mi brazo, como si mi cuerpo no fuera mío, como si fuera el nuevo objeto de estudio científico, como si fuera solamente el receptáculo del virus. Hace exactamente un mes, la luna se mostraba como la de esta noche, y no puedo sentirme igual aunque la misma cara de la luna se me revele. No sé aún si lo hice por mí, pero fui al primer piso para recibir el famoso sobre blanco que tanto pánico suele infundir.
No sorpresas, no lágrimas. Sin embargo la construcción de un nuevo espacio de enunciación se concretó. No sorpresas, no lágrimas. Sin embargo sí hubo mucho espacio para la rabia, para la rabia contra mi mismo, contra el no espacio, contra mi ausencia de lágrimas.
Mucho ha rotado este mes, y sin embargo continúa la ausencia de las lágrimas, la rabia se transforma en miedo, y el miedo a veces paraliza, pero solo durante algunos minutos. Por eso ahora mismo me regalo este momento desnudo frente al computador, solitario iluminado por la pantalla. Acaricio mi pecho, mi pezón perforado, mi barba incipiente, y escribo. Tengo que escribirlo.
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- Publicado:
- 01.12.08 / 8pm
- Categoria:
- vih
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